Con un desencerante suave de cítricos o una mezcla controlada de jabón neutro y agua tibia, retira capas envejecidas que opacan. Trabaja por secciones, usando lana de acero muy fina únicamente si es imprescindible, siempre siguiendo la veta. Seca enseguida para no hinchar fibras. Este paso despeja el camino para aceitar nuevamente, permite tonos más honestos y evita que ceras viejas sigan atrapando polvo, dejando la superficie receptiva a una protección fresca y uniforme.
Para rayones superficiales, frota una mezcla de aceite y cera pigmentada compatible, trabajando a favor de veta hasta que la luz los disimule. Las manchas de agua recientes responden a calor suave con papel absorbente. Si persisten, un lijado local, muy sutil, puede abrir poro para renovar. Evita soluciones extremas que homogenicen en exceso; la gracia está en mantener vida y matices. Cierra con un sellado ligero para integrar la reparación en el conjunto visual.
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